domingo, 20 de octubre de 2013

Laimė

A veces llega con el viento mientras volamos una cometa. La escucho en la risa agitada de Augustė cuando saltamos entre las hojas. O brilla en los ojos azules de Saulė si aprendo nuevas palabras.

 
Viaja conmigo en el tren, pero no paga billete. Se acomoda en mi regazo. Sonríe a los niños. Y traviesa, mira de reojo al chico del abrigo verde que roba minutos a mi lectura.
Se cuela también por las noches mientras hablamos, entre copas de vino y acordes de guitarra. En la madrugada, sube a la azotea para mirar la Luna llena. Y al amanecer, huele a té con cereales.

 
Pasea por las calles sin prisa, embriagando todos mis sentidos. Refleja su sonrisa en las aguas cristalinas de un lago. Respira paz, suspira y se queda muda ante la inmensa belleza de un paisaje.

 
Se enamora del (y al) atardecer. Cocina cepelinais. Juega al baloncesto. Baila polka. Habla mil y un idiomas, pero siempre se despide con un abrazo… Como Federico Luppi en San Luis, siente que aunque el mundo es infinito, de momento ella ha encontrado aquí su lugar.
 
________________________________________________________________________
 

         She sometimes arrives with the wind while we are flying a kite. I listen her in the stirring laughter of Augustė, when we jump between the leaves. Or she shines in Saulė´s blue eyes if I learn new words.


 

          She travels with me on the train, but she doesn´t pay ticket. She snuggles on my lap. She smiles at children. And naughty, she looks sideways at boy with green coat who steals minutes of my reading.

           She seeps on the night also while we are speaking, between wineglasses and chords of guitar. On the nightfall, she goes up to the roof terrace to look at full Moon. And on the dawn, she smells of tea with cereals.

 

 

          She walks by the streets slowly, getting drunk all my senses. She reflects her smile in the crystalline waters of a lake. She breaths peace, she sighs and she loses her voice in presence of an immensely beautiful landscape.


 

           She falls in love with (and on) sunset. She cooks cepelinais. She plays basketball. She dances polka. She can speak thousand and one languages, but she always says goodbye with a hug… Like Federico Luppi in San Luis, she feels that, although the world is infinite, by the moment she has found here her place.

 



 

1 comentario:

  1. Cómo me he alegrado al ver que habías actualizado!
    no me habías dicho nada, pillina, pero así mayor sorpresa :)
    Ya sabes, que al igual que siempre, me encanta!

    ResponderEliminar